Revertir la crisis ya: lecciones
de emergencia del IMSS que Pemex necesita adoptar hoy
En México existen dos historias
contrastantes sobre cómo enfrentar una crisis financiera en instituciones
públicas. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), a partir de 2012,
revirtió un déficit creciente con reformas que se centraron en la eficiencia
operativa. En cambio, Petróleos Mexicanos (Pemex) sigue apostando a la deuda y
a la permanencia de un modelo agotado, aunque ahora presentó un nuevo “Plan
Estratégico 2025‑2035” que promete elevar ingresos y reducir costos. Este
artículo revisa ambos casos, integrando la información más reciente, para
subrayar por qué la viabilidad no se compra con bonos; se construye
transformando procesos.
El IMSS era considerado inviable
a inicios de la década pasada. En 2012, su déficit alcanzaba 25,000 millones de
pesos y se estimaba que sus reservas se agotarían en 2015. Sin embargo, bajo la
dirección de José Antonio González Anaya, así como la específica en finanzas de
Carlos Treviño Medina (2012‑2017), el instituto adoptó una agenda de eficiencia
operativa:
- Digitalización de trámites. Antes de 2012 no
existía ningún trámite digital en el IMSS. La iniciativa IMSS Digital
desreguló y simplificó procedimientos; para 2015, 700,000 de los 860,000
empresarios pagaban sus cuotas por internet y tres de cada cuatro trámites
podían realizarse en línea. Esta digitalización redujo costos de
operación, eliminó colas y permitió un uso más racional del personal.
- Compras consolidadas y ahorro en insumos. La
administración lideró compras consolidadas de medicamentos; sólo en 2015
los ahorros superaron 8,000 millones de pesos y permitieron surtir tres
millones adicionales de recetas con un abasto de 95 %. También se
sustituyó la adquisición de ambulancias por esquemas de arrendamiento,
reduciendo el gasto en mantenimiento
- Disciplina financiera y ampliación de servicios.
Estas medidas permitieron reducir el déficit a 10,000 millones de pesos en
2015, la tercera parte de lo registrado tres años antes. Para 2017 el IMSS
ya registraba un superávit de 6,400 millones de pesos y los directivos
anunciaron que el instituto estaba en “números negros” con viabilidad
hasta 2020. El ahorro se tradujo en 12 nuevos hospitales y 40 clínicas
nuevas.
Lo relevante es que el IMSS no
recurrió a endeudamiento para financiar su rescate; por el contrario, mejoró su
balance mediante eficiencia, compras inteligentes y digitalización, sentando un
precedente para la administración pública.
Pemex enfrenta un escenario
opuesto: combina deuda superior a 99,000 millones de dólares y pasivos con
proveedores que rondan 23,000 millones de dólares. La administración federal ha
recurrido a emisiones de deuda (bonos P‑Caps) para refinanciar vencimientos y
pagar facturas. No obstante, el nuevo Plan Estratégico 2025‑2035, presentado el
5 de agosto de 2025, se promueve como la hoja de ruta hacia la viabilidad:
- Objetivo declarado: elevar ingresos y reducir
costos. El director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, explicó que la
estrategia se basa en “elevar los ingresos, reducir los costos y mejorar
el perfil financiero”. Frente a la presidenta Claudia Sheinbaum, subrayó
que el plan persigue la viabilidad económica de la empresa en el corto,
mediano y largo plazo, bajo los principios de soberanía, seguridad,
sustentabilidad y justicia energética.
- Consolidar la producción y exportar excedentes. El
plan busca consolidar la producción de crudo, exportar excedentes y
reponer reservas, y anuncia que Pemex aportará entre 92 y 95 % de la
producción nacional de hidrocarburos líquidos. También plantea frenar el
declive de yacimientos maduros, reactivar campos con potencial y explorar
nuevas áreas fronterizas. Asimismo, se prevé expandir la producción de gas
natural y fortalecer las refinerías existentes.
- Mejora de instalaciones y diversificación química.
El documento contempla mantener la refinería de Deer Park, optimizar
Minatitlán, reparar la coquizadora de Madero y aprovechar las refinerías
de Salina Cruz y Tula. También se busca aumentar la producción de
amoniacos, óxido de etileno y polietileno, maximizar la recuperación de
etano y ampliar gasoductos
Aunque el discurso de Pemex
incluye metas de eficiencia y sostenibilidad, el plan no anuncia una reforma
profunda de gobernanza ni la adopción de una estrategia robusta de transición
energética. Tampoco detalla cómo reducirá el gasto operativo o mejorará la
rentabilidad de cada unidad de negocio. A pesar de presumir un “fondo de
inversión” y la reciente emisión de deuda respaldada por Hacienda, el modelo
sigue descansando en la exploración y refinación de hidrocarburos y en la
prolongación de apoyos fiscales.
El nuevo plan de negocios de
Pemex marca la primera vez que la petrolera habla de elevar ingresos y reducir
costos como vía hacia la viabilidad. Sin embargo, la lección del IMSS demuestra
que la viabilidad se construye con eficiencia, no con endeudamiento. El IMSS
modernizó sus procesos, transparentó sus compras y logró ahorros tangibles que
se tradujeron en mejores servicios y en superávit financiero; Pemex, en
contraste, mantiene una estructura de gastos ineficiente y depende del
presupuesto federal.
Mientras el plan de Pemex no
incorpore reformas profundas -gobernanza independiente, digitalización de
procesos, control de costos, venta de activos no estratégicos y una auténtica
transición hacia energías limpias-, la empresa seguirá atrapada en la falacia
del costo hundido: invertir más recursos en un proyecto inviable sólo porque ya
se ha invertido demasiado. El riesgo no sólo es financiero sino social: cada
peso destinado a sostener una petrolera ineficiente es un peso que deja de
invertirse en salud, educación o transición energética.
La historia reciente del IMSS
ofrece un espejo: con disciplina y reformas profundas es posible revertir
crisis fiscales. Pemex tiene aún la oportunidad de replicar esa experiencia,
pero sólo si deja de lado la lógica de la aspirina financiera y adopta una
verdadera cirugía de eficiencia.
El caso del IMSS demuestra que
una institución pública puede salir de una crisis cuando actúa con rapidez y
disciplina: digitalizó trámites, consolidó compras y redujo su déficit de 25 000 a 10 000 mdp
en tres años, hasta alcanzar superávit en 2017. Sin embargo, ese esfuerzo no fue una varita mágica ni garantiza que hoy opere con eficiencia permanente. El
IMSS continúa enfrentando problemas como desabasto de
medicamentos y señalamientos de corrupción, lo que muestra lo difícil que es
sostener la excelencia en el tiempo. La historia sirve como ejemplo de que se
puede corregir el rumbo cuando se toman medidas contundentes, no para idealizar
a una institución que aún tiene pendientes. La lección para Pemex y otras
entidades es clara: emprender reformas inmediatas y persistentes, aprendiendo
de lo que funcionó y manteniendo una vigilancia constante para evitar que el
esfuerzo se diluya.
Para cerrar, conviene recordar
que la mejora de la calificación crediticia de Pemex a “BB” es un alivio
aparente, no una señal de fortaleza. Fitch explicó que el ajuste respondió a
una mayor vinculación con el gobierno y a un aumento temporal de liquidez, pero
subrayó que los fundamentos financieros siguen profundamente deteriorados:
apalancamiento superior a 15 veces, liquidez estrecha y pérdidas en refinación.
Además, la agencia advirtió que la viabilidad de Pemex depende de seguir
recibiendo apoyo estatal y de revertir el declive de su producción. Dicho de
otro modo, la calificación mejoró por la inyección de recursos públicos; si la
empresa no adopta reformas de fondo -eficiencia operativa, gobernanza
profesional y transición energética- la tendencia seguirá siendo descendente.
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